Homilía de monseñor Silvio José Báez Tercer Domingo de Pascua 19 de abril de 2026
Apr 19, 2026
Retomando el pasaje de los discípulos de Emaús, relatado en el Evangelio de este domingo 19 de abril, tercer domingo de Pascua, el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, afirmó que Nicaragua atraviesa un tiempo de dolor marcado por la crisis, pero abierto a la esperanza.
Video de transmisión de Parroquia Santa Agatha, Miami
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Queridos hermanos y hermanas, en este
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tercer domingo de Pascua
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hemos escuchado el encantador relato de
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los discípulos de Emaús.
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Los discípulos de Jesús, testigos de su
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crucifixión,
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regresan tristes y desilusionados a
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Emaús.
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Mientras caminaban,
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conversaban sobre todo lo sucedido en
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esos días en Jerusalén.
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La muerte de Jesús, en quien habían
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confiado y a quien habían seguido, les
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había provocado una profunda desilusión.
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Al caminar
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iban hablando de lo que había pasado.
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Sentían la necesidad de recordar y
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compartir lo que habían vivido.
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Sin embargo, aún conversando,
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seguían encerrados
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en el doloroso pasado que los
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entristecía,
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sin vislumbrar ningún motivo de
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esperanza.
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La experiencia de estos discípulos me
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trae espontáneamente a la mente la
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historia reciente del pueblo de
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Nicaragua,
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que hace 8 años se reveló pacíficamente
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frente a una dictadura criminal que
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reaccionó con violencia, reprimiendo y
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asesinando a centenares de
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nicaragüenses.
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El régimen ha impuesto un estado
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policial represivo que ha eliminado
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todas las libertades y ha dejado una
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dolorosa secuela
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de cárcel, exilio y muerte. Como los dos
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discípulos de Emaús, Nicaragua camina
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herida,
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muchas veces con incertidumbre,
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pero siempre
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hambrienta de libertad, paz y justicia.
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Cuando cargamos a las espaldas una
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historia tan dolorosa, corremos el
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riesgo de desanimarnos y perder la
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esperanza. ¿Cómo les ocurrió a los dos
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discípulos que regresaban a Emaús? iban
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caminando, pero seguían encerrados en
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los eventos dolorosos ocurridos hacía
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pocos días cuando vieron morir a Jesús
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sin encontrar un motivo para seguir
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adelante.
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El evangelio de hoy es un anuncio gozoso
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para los nicaragüenses. Nos recuerda que
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no estamos solos. El Señor resucitado
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está vivo y camina con nosotros.
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comparte nuestro dolor, desea abrirnos
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los ojos y darnos la fuerza para
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reconstruir el país y crear un futuro de
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libertad y de justicia para todos.
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Mientras aquellos dos discípulos
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caminaban, Jesús se acercó para
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conversar con ellos.
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Los dos le cuentan la tristeza que les
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ha producido la crucifixión de su
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maestro y la desilusión que viven, pues
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esperaban que fuera él quien liberara a
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Israel.
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hablan de lo que han vivido, pero se
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limitan a la corteza de los eventos,
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a lo más exterior de los hechos y solo
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logran ver un fracaso que los ha
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desilusionado profundamente.
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Entonces Jesús comienza a interpretar
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los mismos eventos, pero atravesando su
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cortez exterior y penetrando en su
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interior, ofreciéndole a los discípulos
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un sentido que ellos no lograban
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alcanzar.
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Comienza a explicarles
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todo lo que se refería a él en toda la
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escritura.
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les muestra que su muerte en la cruz era
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el cumplimiento de toda la historia de
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amor y salvación de Dios en favor
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nuestro.
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Su condena y su muerte en la cruz
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entraban misteriosamente en el designio
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divino. Era necesario que el Mesías
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padeciera todo esto para entrar así en
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su gloria, les explica Jesús.
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Les habla de su muerte injusta desde la
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acción admirable de Dios que reorienta
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todo, incluido el odio criminal hacia el
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triunfo del bien. De modo que de la
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culpa brote como un milagro el fruto
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espléndido de la vida. Habla de su
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pasión y de su muerte como de una acción
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misteriosa de Dios que ha hecho que de
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la cruz brote la victoria de la
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misericordia y el acontecimiento
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prodigioso de la salvación divina.
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Escuchando a Jesús, los dos discípulos
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comienzan a entender que la cruz no fue
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ausencia, sino plenitud de Dios.
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Comienzan a entender que el crucificado
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no fue un fracasado, sino la encarnación
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suprema del misterio y del amor de Dios.
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Las palabras de Jesús los cautivan.
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Después dirán que su corazón ardía
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cuando él les hablaba. Jesús les ayuda a
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interpretar lo vivido a la luz de su
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resurrección para que puedan ver la
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realidad con los ojos de Dios.
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La mano poderosa de Dios se ha revelado
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no en el odio criminal y la violencia,
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sino en el amor sin límites del
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crucificado.
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La mano de Dios se ha revelado en la
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cruz, allí donde todo parecía imposible
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y donde se imponía el absurdo.
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Jesús resucitado
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nos ofrece a los nicaragüenses también
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razones para esperar y nuevas fuerzas
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para seguir comprometidos con la
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construcción de un futuro mejor. Con
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Jesús a nuestro lado caminando con
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nosotros, el dolor padecido puede
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convertirse en un nuevo estímulo para
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seguir luchando. Podemos descubrir en
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nuestra impotencia la fuerza de Dios que
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nos empuja a caminar. Los errores
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cometidos pueden transformarse en una
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enseñanza para enderezar el camino. La
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tristeza y el desánimo pueden
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convertirse en una fortaleza para
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cambiar la historia.
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No hay que caer en la ingenuidad de
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creer que quienes se imponen con las
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armas son los vencedores. No vencieron
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los soldados romanos en la cruz. No hay
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que dejarse engañar por la lectura
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deformada de la historia que hacen los
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criminales en el poder, quienes se
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presentan como víctima y llaman
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culpables a las víctimas. La
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resurrección de Jesús nos asegura que lo
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que pudo haber parecido una derrota hace
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8 años, como pareció su crucifixión, ha
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sido la gran victoria de un pueblo que
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ya está resucitando al no resignarse al
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sometimiento injusto ni al secuestro de
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su propia historia.
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Los discípulos invitan a Jesús a
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quedarse con ellos. Sentados a la mesa,
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Jesús toma el pan, lo bendice, lo parte
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y se los da. A los dos discípulos en ese
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momento se les abrieron los ojos y lo
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reconocieron. En aquel pan partido está
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presente Jesús, que nos alimenta con la
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fuerza de su amor en cada Eucaristía. En
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el pan eucarístico está la fuerza que
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nos sostiene y el amor que nos guía. Los
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nicaragüenses no somos solo un pueblo
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valiente, sino somos también un pueblo
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creyente. Que Jesús, el pan de la vida,
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sostenga siempre nuestro caminar y sea
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nuestro alimento en los momentos de duda
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y de cansancio.
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Delante de aquel pan partido, los
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discípulos terminan de comprender el
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sentido de la historia. Aquel pan
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partido es Jesús crucificado
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que ha resucitado.
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La Eucaristía nos enseña cómo se
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construye y cómo se debe construir el
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futuro, volviéndonos pan partido para la
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vida del mundo. Y los nicaragüenses no
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debemos olvidarlo. No se trata de ir por
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más victoria, sino de atrevernos a
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perder por amor, darnos generosamente
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para que otros vivan. y seguir luchando
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para que pueda surgir una convivencia
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nueva en libertad, justicia y paz, sin
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vencedores ni vencidos. Los dos
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discípulos volvieron a Jerusalén, donde
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estaban los demás, para contarles lo que
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habían vivido. Vuelven de noche, pero
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llevan el sol por dentro. Jesús nos hace
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desandar los caminos del miedo, del
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fracaso y de la tristeza. nos libera de
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la tentación de huir a Emaús y nos envía
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a los demás y nos vuelve a injertar en
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la historia con la fuerza del Señor
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resucitado y bajo la mirada amorosa de
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la purísima madre de nuestro pueblo.
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Caminemos con esperanza. Compartamos
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unos a otros el fuego de la fe y estemos
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siempre dispuestos, sin cansarnos, a
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construir con optimismo y generosidad el
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futuro digno que nuestro pueblo merece.
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Amén.
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Ha.

