"Esta señora ya nos costó demasiado", se lo dijo mi nuera al muchacho del mostrador, no a mí, un jueves a las diez de la mañana en la farmacia de la esquina,
Aug 9, 2026
"Esta señora ya nos costó demasiado", se lo dijo mi nuera al muchacho del mostrador, no a mí, un jueves a las diez de la mañana en la farmacia de la esquina, delante de siete personas formadas detrás de nosotras. Yo tengo setenta y un años y llevo cuatro recogiendo ahí las pastillas de la presión, que van con la tarjeta del seguro de mi hijo. Ella le explicó al farmacéutico, con la voz alta y clara, que a partir de ese día no autorizaba nada más a mi nombre. No lloré ni le contesté. Abrí mi monedero, pagué los cuatrocientos ochenta pesos de mi bolsa, y antes de irme le pedí al muchacho una cosa más: el historial impreso de todo lo que se había retirado con esa tarjeta en los últimos dos años. Él me lo dio. Y en la fila, mientras lo leía, encontré un nombre.
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